Ay, Carmela
sinopsis
Carmela y Paulino, dos artistas insignificantes de “escasas luces” y “mínima conciencia política” que sólo aspiran a sobrevivir con su oficio en medio de unas circunstancias particularmente adversas para el arte… y para la vida; se ven obligados a realizar, por el azar de “su mala estrella” y por la voluntad fabuladora del dramaturgo, una representación muy singular: la “representación de una improvisada Velada Artística, Patriótica y Recreativa” para celebrar, ante el ejército victorioso, la «liberación» de Belchite”.
Por causa de una espesa niebla, han cruzado las líneas republicanas para comprar morcillas en un Belchite que acaba de caer en poder de las tropas “facciosas”. Por tanto, sin comerlo ni beberlo están metidos “de hoz y coz” en el mismísimo «teatro de operaciones” de la gran ofensiva nacional de la Zona del Ebro. Precisamente el título de la obra (!Ay, Carmela!) está tomado del estribillo de una famosa y popular canción del ejército republicano, “El paso del Ebro”, alusiva aquella dura y decisiva batalla.
Amelio Giovanni de Ripamonte, un teniente italiano fascista (en representación del pueblo italiano, que es tanto como decir del alma joven, recia y cristiana de Occidente) que irónicamente encarna al ejército “nacional” –no olvidemos que la
propaganda republicana, y sobre todo el humor, se refirió a esa decisiva ayuda militar al general Franco del nazismo alemán de Hitler y del fascismo italiano de Mussolini y lo llamó muy expresivamente ejército “nacional”-, les conmina a que representen esa velada con que el ejército victorioso ha decidido celebrar en el Teatro Goya de Belchite la “liberación” del pueblo; al que por voluntad artística del dramaturgo asiste también el propio general Franco.
He aquí, por tanto, la situación dramática que Sanchis Sinisterra nos plantea en ¡Ay, Carmela!: una pareja de “artistas de variedades”, en el contexto del “teatro de operaciones” -siniestra expresión con que los estrategas del arte de la guerra denominan al espacio sobre el que planifican rigurosamente la destrucción y muerte del ejército enemigo-, de la guerra civil española, obligados a representar (“sub manu militari”; como quien dice, “con la pistola en la nuca”), una velada cuyo carácter de ficción reivindica irónicamente el dramaturgo al referirse a ella como tal “que la Historia no registra, quizá por el hecho, estéticamente irrelevante, de que nunca existió”.
ficha técnica
Carmela: Laura Orduña
Patricia Cercas
Paulino: Israel Ruiz
Adolfo Obregón
Dirección: Román Calleja
Ayudante de Dirección: Petra Korvasová
Regiduría: Mabel Kirós
Espacio Sonoro: Coque Vázquez
Voz: Noemí López Vázquez
Coreografía: Carmen Armengou
Iluminación: Rafa Mojas
Vestuario: Pilar Rubio
Imagen: Almudena Calzada
Producción PALCO TRES GESTIÓN, S.L
notas del director
No tengo ni idea de cuándo me enteré de la existencia de este texto, tampoco se cuando “me enamoré “de él, y sin embargo, recuerdo como a finales de los ochenta, en los fríos diciembres de Madrid, varios amigos del Teatro, nos reuníamos en tertulias en las que debatíamos sobre la necesidad de que el teatro sirviera a la sociedad para reivindicar, entre otras cosas, la memoria histórica colectiva.
Hoy, el tema está en la calle y es objeto de debate, en los medios de comunicación, en la política e incluso en lo jurídico. Pero, en aquellos momentos en los que España era un ejemplo de transición política pacífica y gozábamos de una incipiente democracia, nos llegó esta obra que planteaba el debate: ¿memoria histórica o pasar página?
Y, repasando las palabras de alguno de los tertulianos más concienciados socialmente, recuerdo las criticas a los políticos, sobre todo a los de izquierdas, por pasar de puntillas sobre este tema, por querer mirar al futuro sin reabrir más heridas, postura que a otros nos parecía muy respetable.
Fue entonces, en aquella tertulia, a altas horas de la noche y con la actitud crítica de aquellos tiempos, cuando de repente, a todos nos sorprendió que aquella discusión hubiera partido de reflexionar sobre una obra de teatro. Allí y entonces, surgió este debate que, 30 años más tarde, sigue sin resolverse. Aun seguimos buscando la elección más correcta para todos los bandos.
Pero este texto va mucho más allá. Habla de la dignidad de los vencidos y sobre todo de la segunda muerte de los muertos, que no es otra que el olvido. Ahí es donde me cautivó.
¡Ay, Carmela! no es una obra sobre la guerra civil española, aunque todo parezca indicarlo. Es más bien una obra sobre el teatro durante la guerra civil. La precisión es importante porque, aunque la acción transcurre en marzo de 1938 y nada menos que en Belchite, símbolo descarnado y real de la feroz contienda fratricida que destruyó y marcó a varias generaciones de españoles, es decir, aun cuando el espacio y el tiempo de la acción dramática respetan rigurosamente la verosimilitud de la realidad histórica, su autor nos recuerda que ¡Ay, Carmela! es la historia ficticia de una acción dramática (“La acción NO ocurrió en Belchite en marzo de 1938”, dice el autor)
Paulino y Carmela, dos artistas de varietés inventados por él (de ínfimo nivel y que actúan en los más humildes teatros populares, con su espectáculo de “variedades a lo fino”), son los auténticos protagonistas y no la guerra, son ellos quienes se erigen en sustancia y voz de un acontecer dramático totalmente ficticio, en soporte y perspectiva imaginarios de la tragedia colectiva, y a través de ellos, el autor investiga una vez más sobre el poder, la magia y las fronteras del teatro.
Además Sanchis Sinisterra nos presenta una estructura dramática inusual, distanciándos del clásico planteamiento, nudo y desenlace, para intentar que nos alejemos de nuestra realidad, introduciéndonos en un mundo de ficción, lleno de fantasía.


