La Casa de Bernarda Alba
OPERA
de Miquel Ortega
libreto de Julio Ramos
Basada en la obra homónima de Federico García Lorca
sinopsis
La casa de Bernarda Alba fue escrita en la primavera de 1936, al parecer en pocos días, y fue la última obra de Lorca, ya que poco después fue fusilado. No se estrenaría hasta 1945 en Buenos Aires; ese mismo año y en el mismo lugar apareció la primera edición.
La obra se subtitula drama de mujeres en los pueblos de España. ¿Por qué «drama» y no «tragedia»? Para Lorca, la tragedia comportaba elementos míticos que aquí están ausentes. El realismo del lenguaje y ciertas expresiones que cabría llamar «cómicas» (en boca de Poncia, por ejemplo) serían también rasgos propios del drama. Sin embargo, por la esencial impresión de necesidad de la catástrofe, de lo inexorable, de la frustración, podríamos hablar de tragedia.
También es cierto que la obra tiene facetas del drama rural, pero no es menos cierto que Lorca trasciende ese género en muchos aspectos y se eleva a un nivel incalculablemente superior. Los estudiosos de Lorca han encontrado acentos shakespearianos y calderonianos.
La génesis de la obra tuvo su punto de partida en figuras reales: una tal Frasquita Alba y sus hijas, cuya casa era colindante con la que tenían los Lorca en Valderrubio (Granada). Pero sólo el genio del poeta pudo crear, a partir de aquellas figuras, a Bernarda y sus hijas.
la música
Miquel Ortega se sitúa como compositor en una línea muy mediterránea. Para entendernos, está más cerca de Montsalvatge, Mompou, Toldrá o García Abril (aunque este último se aleje un poco del Mediterráneo) que de Luis de Pablo, Josep Soler o Xavier Benguerel, por mencionar compositores destacados en sus respectivas estéticas.
Por otra parte, la influencia operística desde muy temprana edad, que lo ha llevado a convertirse en uno de los directores de orquesta de ópera más solicitados del panorama español, impulsó su interés por componer una música eminentemente teatral. En su ópera, Ortega mezcla momentos muy dramáticos, donde se acerca a Stravinsky o Bartok (como referencias reconocibles), con otros de extrema dulzura, en los que la melodía y una intencionada vuelta a la tonalidad son los instrumentos principales. La obra es ecléctica, en la línea de creaciones contemporáneas como Un tranvía llamado deseo de André Previn.
El leitmotiv de Pepe el Romano, presente a lo largo de toda la ópera, representa el deseo erótico de las mujeres; por ello, aparece cuando se habla de hombres y de deseo sexual. Construido sobre el intervalo unificador de toda la obra, la séptima mayor, el compositor lo ha revestido de armonías muy cercanas al jazz.
Las dos escenas de María Josefa, donde recita sobre la música, desgarrada en ocasiones, muy melódica siempre, y un tanto naïfen el vals del tercer acto, donde se respeta fielmente el texto lorquiano: “Ovejita, niño mío…”, son, en opinión del autor, dos puntos culminantes que seguramente conectarán con el oyente.
Los tres finales de acto, en palabras de Julio Ramos, acaban «en punta», al igual que en la obra teatral, con sendos fortísimos en los dos primeros actos y en pianísimo al final de la ópera.
Estructurada en los mismos tres actos que el original, la duración de la ópera es de aproximadamente 1 hora y 40 minutos, lo que permite representarla sin entreacto, si así se prefiere.
notas del director
“La Casa de Bernarda Alba” es una obra poliédrica, que invita a distintas lecturas y de difícil clasificación en los cánones del teatro: Drama o Tragedia. Ni especialistas, ni estudiosos, ni críticos se ponen de acuerdo. García Lorca la subtituló como “Drama de mujeres en los pueblos de España”.
Lo que sí emana de Bernarda Alba es una fuerza especial, una propuesta rupturista que se aleja del teatro burgués y de las formas del teatro en verso tradicional, pero sin dejar de beber en la tradición de la escritura teatral española. Estamos ante la última obra de Lorca, escrita bajo los augurios de una terrible guerra a punto de estallar, y en ella el poeta granadino vuelca su maestría en los diálogos cortantes, contundentes, sin concesiones, que desnuda el alma de los personajes, regalando un testamento teatral único e irrepetible.
Los temas lorquianos se entremezclan, se alejan y se vuelven a reencontrar a lo largo de este texto tejiendo un tapiz de emociones y provocaciones. La hipocresía de una sociedad caduca y represora que impone un velo de oscuridad. El poder sobre el más débil, la dominación cruel de un despotismo rancio que se nutre de los más tenebroso de una religión opresora, y todo ello cubierto por una tupida telaraña tejida por el murmullo y la maledicencia, en un tiempo duro donde las gentes se aferraban a tradiciones miopes y limitadas por el miedo.
Frente a ello la necesidad de la libertad, el grito de rebeldía que se encarna en Adela, que se disfraza de “locura” en Josefa, que se esconde en las ansias de matrimonio de Angustias. Y sobrevolando este espacio lleno de desasosiego y lucha, la sombra de Pepe el Romano acechando y penetrando por los poros de unos muros caldeados por el bochorno y el deseo sexual. Y al final, el silencio.
En nuestra puesta en escena hemos querido ser fieles a García Lorca. La escenografía, iluminación y vestuario buscan recrear ese mundo cerrado, laberíntico y asfixiante. Los muros físicos limitan voluntades, las puertas se abren hacia nuevas celdas, no hay salidas ni escapatorias. La escenografía se presenta rotunda, con paredes sólidas que limitan un espacio conventual, carcelario.
La iluminación dibuja toda la acción marcando el paso del tiempo, de la mañana al cálido y sensual mediodía del segundo acto para desembocar en la noche del tercer acto. Es la noche el tiempo elegido por Lorca en sus obras para que se desencadene el drama, la oscuridad donde se mueve su mundo trágico. El vestuario exhibe lo que sienten los personajes, diluyéndose en el color de las paredes de la casa, surgiendo de sus propias entrañas.
Pero lo que hace especial esta Bernarda Alba es la música que es lo que ha impregnado y dibujado toda la propuesta escénica, ofreciendo una perspectiva del drama que hasta ahora no se conocía. Tenemos la suerte de contar con un compositor como Miquel Ortega, amante y conocedor del teatro de Lorca, que ha sabido escribir una partitura que traduce a la perfección las situaciones dramáticas que se narran, dando el matiz emocional que cada escena requiere.
Por último quiero agradecer el trabajo del equipo que me ha acompañado durante estos dos últimos años en los que se ha estado gestando esta obra; la confianza y apoyo que me ofreció Miquel Ortega, eligiéndome para esta aventura. Al Festival Internacional de Santander y al Festival de Perelada, y a Sorín Melinte y Armonía que han hecho posible este estreno. En tiempo de zozobras e incertidumbres como el actual, brilla más el arrojo de este grupo de valientes que aun creen en el arte y en su capacidad de hacernos sentir y reflexionar. A todos muchas gracias.
Román Calleja, director de escena.
la opera
La ópera nace de la devoción que siente el compositor Miquel Ortega por Federico García Lorca. Posteriormente, Ortega pondrá música a 16 poemas del poeta, convirtiéndolos en canciones, lieds de concierto que han sido interpretados por numerosos artistas españoles. Entre ellos, destaca el barítono Carlos Álvarez, quien ha llegado a grabar, bajo la dirección del propio Ortega, cuatro de esos lieds y los ha interpretado en innumerables recitales, ya sea acompañado al piano o con orquesta.
A mediados de 1989, cuando el compositor tenía 26 años, le pidió a su amigo Julio Ramos, más conocido por su seudónimo Bruno Bruch, que le escribiera un libreto operístico a partir de la obra de Lorca. Ramos y Ortega se conocieron en julio de 1980, cuando ambos participaban en una producción de la ópera Il Trovatore de Verdi, donde cantaban en el coro. En esa época, Ramos le ofreció a Ortega un libreto de su autoría, ya que sabía que Ortega componía, a pesar de tener solo 17 años. Ramos no era mucho mayor, con apenas 20.
La habilidad de Ramos (o Bruch, como lo llamaban sus amigos) para confeccionar libretos de ópera, un arte casi perdido en la actualidad, les permitió colaborar en varios proyectos más. Sin embargo, debido a las dificultades que atraviesa la creación contemporánea, muchos de estos proyectos aún no han visto la luz, a excepción de uno: una ópera para niños titulada Somni de Nadal (Sueño de Navidad), que, aunque se estrenó en condiciones precarias, logró ser presentada en Barcelona en 1982.
Durante el proceso de creación de la obra que nos ocupa, en 1995, cuando el libreto ya estaba terminado pero la música aún no, Bruno Bruch (Julio Ramos) falleció en su casa de Barcelona a los 35 años. Algunas de las ideas más brillantes y acertadas del libreto fueron suyas, como la de convertir a María Josefa en actriz en lugar de cantante, hacer que la criada fuera un personaje mudo y eliminar a Prudencia. Estas decisiones fueron fundamentales para el desarrollo de la ópera.
Sin embargo, la fidelidad al magistral texto de Lorca se impuso, y por primera vez, Julio Ramos sometió su propia inspiración en beneficio del poeta granadino. De hecho, el 80% de las palabras del libreto pertenecen a Lorca. Con gran intuición para las situaciones operísticas, Ramos recortaba algunos diálogos y alargaba otros para crear arias, por ejemplo.
Tanto Ramos como Ortega estaban convencidos de que la salvación de la ópera contemporánea pasaba por recuperar ciertos esquemas del pasado, desde Puccini hasta Menotti y Britten, lo que los llevó a introducir estos pequeños cambios. Posteriormente, los herederos de Lorca dieron su beneplácito al libreto.
ficha técnica
Basada en la obra de Federico García Lorca
Miguel Ortega, música
Julio Ramos, libreto
Personajes e intérpretes:
Bernarda, Raquel Pierotti
La Poncia, Marina Rodríguez Cusi
María Josefa, Vicky Peña
La Criada, Leticia Rodríguez
Las Hijas de Bernarda:
Angustias, Hasmik Nahapetyan
Magdalena, Marina Pardo
Amelia, Marifé Nogales
Martirio, Beatriz Lanza
Adela, Montserrat Martí
Director musical, Miguel Ortega
Director de escena, Román Calleja
Orquesta Sinfónica de la Ópera Nacional de Lituania
Director del coro, Esteban Sanz
Coro Lirico de Cantabria
Ayudante de dirección, Amparo Pascual
Diseño de escenografía, Jon Berrondo
Diseño de iluminación, Felix Garma y Rafael Mojas
Diseño de vestuario, León Revuelta
Revisión de vestuario, Tiziana Magris
Regidora, Isabel Ibarra
Maestra repetidora, Elena Ramos
Asistente de director musical, Andrés Juncos
Maquillaje, Marián Puente
Peluquería, Alicia Suarez
Maestra de iluminación, Elena Ramos
Realización de escenografía, Spazio Scenico
Realización de vestuario, Cornejo
Producción, Armonia
Jefa de producción, Belén Alonso
Ayudante de producción, Susana Mazo
prensa
El Milagro
«A veces, en las programaciones musicales y quizá cuando menos se espera, se produce el milagro. (…) Una intensa espiritualidad la que se desprende de la música y los textos interpretados. (…) Tiene la belleza incomparable de unas voces de excepción.»
«Ideal», Granada, 24/12/1996
Hondura y Calidad
«(…) Un ritual ordenado, coherente, evocador, ilustrativo. (…) Transparencias, matices y transiciones de luz muy cuidadas. (…) Solos o en «tutti» dan la trascendencia hímnica de esta música con hondura y calidad que, por momentos, llega a emocionar.»
José Luis García del Busto
«ABC» – 11/08/1997
La oración con dulzura
«Una preciosa velada en donde se ha podido entrar en contacto con una de las manifestaciones musicales más antiguas y de más preservada pureza. La perfecta afinación de este coro, junto con una admirable conjunción entre sí y con su director, lo hacen mostrarse como un verdadero instrumento que trasciende el propio medio vocal, haciéndose suyo y bueno el valor pedagógico del principio de Horacio ‘utile dulci’ (lo útil con lo dulce), la oración con dulzura.»
José Antonio Canton
«La Crónica», Granada, 30/12/1996
Rozando el cielo de la perfección
«La formación coral rumana abordó, justo es decirlo, el repertorio de su especialidad, o sea, el de la liturgia bizantina. La belleza de las voces, la afinación y el empaste inmaculado entre las distintas secciones. La pasmosa flexibilidad de las melismas, fueron, es verdad, incontestables, así como la delicadeza y diversa escenografía ideada por Román Calleja, que huía del consabido estatismo de los coros al uso mediante la realización de hermosas y variopintas disposiciones de la masa coral.»
Ignacio Sánchez Quirde
«Diario de Jerez» – 18/04/1997
Un mundo exótico
«Lo que desde una mentalidad occidental puede apreciarse resulta bastante impresionante: el tono mixto es bello y compacto. La oportunidad de adentrarse en un mundo exótico ofrece grandes posibilidades de satisfacción.»
A.B.M
«Scherzo», Enero/Febrero de 1997
Perfección y espiritualidad
«…Era un coro mixto de voces frescas, acopladas e impostadas, donde los matices y la expresividad daban la impresión de pertenecer a otras esferas: tal era la belleza en la interpretación, que solo una palabra define el concierto: asombroso. Quien escucha a Kontakion se siente transportado a un mundo donde la belleza y la claridad tienen su asiento.»
José María González
Orense, 21/04/1997




















