Román Calleja

Llama a un inspector

sinopsis

John Boynton Priestley tenía tan marcada obsesión por el tiempo como preocupación metafísica y elemento argumental que lo convirtió en eje de algunas de sus obras, de forma singular en «El tiempo y los Conway». De ello también participa una de sus piezas más conocidas, «Llama un inspector», donde tiene un marcado protagonismo como magnitud inquietante en la que un hipotético futuro próximo se manifiesta tal vez como alucinación culpable del presente. Es una suerte de comedia de costumbres con sesgos de thriller, en la que Priestley hace que vida e ilusión se confundan jugando con una original concepción del tiempo como elemento dramático. Su argumento presenta a una familia de la aristocracia industrial británica que, cuando celebra la pedida de mano de su hija, recibe la visita de un inspector que investiga el suicidio de una joven humilde; el recién llegado va demostrando sutilmente que todos, de alguna forma, contribuyeron al desgraciado final. Un ovillo que el autor desenreda con gran dominio de la temperatura psicológica y el ritmo escénico, manteniendo al espectador cautivo de la historia hasta su desembocadura en un final desazonador envuelto en interrogantes, un redoble de conciencia que abre una honda reflexión moral en torno a la responsabilidad individual y colectiva de las acciones del ser humano.

ficha técnica

Autor, J. B. Priestley
Versión, Juan Altamira
Intérpretes, 
José Luis Pellicena,
Francisco Valladares,
María José Afonso,
Silke,
Iván Gisbert,
David Lázaro y
Alex García

Escenografía, John Burton

Vestuario, Javier Artiñano y León Revuelta

Iluminación, Juan Gómez-Cornejo

Dirección, Román Calleja

Producción, Juanjo Seoane

notas del director

“Llama a un inspector” es un drama de J.B. Priestley que entrelaza el misterio, la moralidad y el tejido social de la Gran Bretaña de principios del siglo XX. Una crítica a la hipocresía de la sociedad y especialmente mordaz en su acusación de la insensibilidad de la clase alta (británica) hacia la clase baja. También es un recordatorio de que nuestros actos tienen consecuencias, y de que todos somos responsables de los demás.

Por otra parte, la obra es un prodigio de construcción formal, despliega una trama que no sigue una línea temporal cronológica. Es una obra intensa, que consigue crear suspense, pero que tiene un trasfondo social muy interesante y que resulta de gran actualidad, ya que plantea el tema de la responsabilidad social y de la necesidad de entender que todos debemos contribuir a eliminar las barreras sociales y económicas. Una llamada de atención al espectador sobre la realidad que le rodea y su implicación en ella.

Priestley como Miller, Williams, 0’Neill, Ibsen, Pirandello…  fueron autores a los que en los años cincuenta o sesenta se acudía mucho. Ofrecían un tipo de teatro nuevo tanto en la temática como en estructura dramática. Para los actores era un bocado apetitoso, pues construían caracteres muy bien trazados y con recovecos psicológicos. Para volver a tales autores, en principio, no hay que justificar una razón pues sus textos, convertidos en clásicos, evocaban múltiples lecturas y la actualidad está siempre presente.

prensa

galería

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