Tira de la cadena
sinopsis
¿Ya se sentó Vd.?. ¿Ya se quitó la chaqueta?. Bien; pues levántese y en el vestíbulo tiene a su disposición un cubo de basura para depositar allí todo lo que le molesta, (mal humor, depresión, rabia, …)
¡Ahora sí! Está en condiciones de presenciar “Tira de la cadena ; comedia musical en clave de humor, en dos actos, que muestra el comportamiento sexual de una pareja, o mejor el de un hombre y una mujer, desde su adolescencia hasta su muerte “no orgánica”, sino como seres pensantes e imaginativos.
Desdoblamos un mismo personaje, es decir, veremos cuatro actores sobre el escenario, pero solo hay un hombre y una mujer. Los otros dos son esas vocecillas (personificadas aquí), que nos hacen, a veces, preguntas insolentes, planteamientos inclasificables y que en definitiva nos llevan a dudar hasta de nosotros mismos. Démonos una oportunidad, vamos a dejarlos a ellos, solos, libres por una vez, que hablen, a ver qué nos dicen o qué se dirían. ¡No va a pasar nada!, ino se asuste!. Y si intuye algo, “tire de la cadena”, todo el mundo lo hace. No hay más que asomarse a la ventana por la noche y ver que a cada luz que se apaga, que a cada ventana que desaparece, le sigue un ruido de cisterna. ¿Que por qué?. Pues, porque nos soportamos a duras penas, porque el agua lo limpia y arrastra todo, porque mañana amanecerá otro día, porque… iVd. sabra!.
Román Calleja
ficha técnica
Actores
Hortensia, Belén conde
Jazmina, Marta Sainz
Palomo, Julio Ganzo
Gavilán, Luis Iglesias
Psiquiatra, Kike León
Dirección
Román Calleja
Producción
Francisco del Castillo
Texto
Guillermo Gentile
Música
Edgardo Gustavo
Orquestación
Pedro Iturralde
Profesor de canto
Luz Pardo
Escenografía
Carlos Gala
Coreografía
Rosa Nuñéz y Ana Venero
Vestuario, diseño y realización
Nieves Beceiro
Iluminación
Manuel de la Peña
Realización / Escenografía
Carlos Varea (pintor)
Tejidos «El Piso»
Luis Fuentes y Emilia Trueba (escultores)
Manuel Añonuevo (dibujante)
Talleres Fuper (herrero)
Manuel Peredo (carpintero)
Peluquería
Ana, Titos y Manuel
Maquillaje
Kana
Fotografía
Araceli Flores y Tomás Blanco
Diseño Gráfico
Manuel Añonuevo y América Grafiprint
apuntes del autor
Primera etapa.– LA ADOLESCENCIA
Escenográficamente situamos a la adolescencia dentro de un contexto primaveral y a los personajes como parte en armonía con la naturaleza. Sexualmente, esta etapa, está caracterizada con la masturbación, la cual representaremos escénicamente con el solitario de cartas. Diferenciando la masculina de la femenina en su concepto social. Punto y aparte nos merece el sueño, pues es donde la parte consciente (manifiesto) del ser humano pierde el control sobre su otro yo (latente). Esta incontinencia traerá intranquilidad y angustia al manifiesto que tratará de recuperar el control despertándose. A diferencia con el hombre, la mujer se espanta de su propio sueño y se siente culpable de las vivencias de su otro yo.
Segunda etapa.- DESPEDIDA DE LA ADOLESCENCIA
La constante y angustiosa insatisfacción producida por la lucha entre el manifiesto y el latente, empujan al ser humano a una salida de la crisis mediante la búsqueda de la pareja. Este aparente triunfo del latente que mueve, por fin, al manifiesto, no lo es tanto, ya que en esta nueva etapa de búsqueda, el manifiesto se aferrará a todos los convencionalismos y normas sociales que rigen el conocimiento de la pareja, impidiendo la autenticidad de este primer contacto hombre mujer, entrando en juego todos los componentes de nuestra sociedad: el status, la virginidad, el entorno familiar, la clase social, el contrato matrimonial, etc.
Tercera etapa.- LA NOCHE DE BODAS
El hombre y la mujer han puesto sus expectativas en este acontecimiento, debido, por una parte, a la sensación de compartir vivencias hasta entonces reprimidas y, por otra, la de iniciar una larga experiencia juntos. Covencionalmente se abunda en paternales consejos y estereotipadas conclusiones acerca de estos dos aspectos, generalizados conceptos, que, en mayor o menor medida, rigen y reglamentan el comportamiento y la conducta exterior del hombre y la mujer, impidiendo la expresión auténtica de los deseos, emociones y vivencias de ese primer intercambio. De esta forma, la noche de bodas, es convertida en una ceremonia convencional donde podemos distinguir los siguientes ritos: Preparación (vestuario insinuante para destacar la feminidad y fragilidad de la mujer frente a la rígida vestimenta masculina que denota su prepotencia). Planificación (todo lo controla el hombre, la mujer se someterá educacionalmente, mostrándose pasiva y sacrificada). Consumación (ambos han realizado un trámite preestablecido donde el placer ha sido relegado a un segundo plano. Sólo consiguen un ambiente de insatisfación y enfrentamiento personal). De esta triste relación, nacerá el poder, donde los manifiestos no sólo ejercerán una represión contra sus propios latentes, sino también sobre la persona de los demás.
Cuarta etapa.- EL MATRIMONIO
El consumo reemplazará la falta de placer en la relación matrimonial (la diferencia entre dos matrimonios que se aburren está en lo que consumen y no en las cosas de las cuales gozan); se incrementará la incomunicación de la pareja al no escuchar tampoco a sus latentes. Llegará el hastío sexual, como consecuencia de una relación al cincuenta por ciento en la cual se ha perdido el primitivo interés…
…como sucede con cualquier artículo de consumo. Pero la actitud rebelde del latente que desde su represión intenta manifestarse en forma sorpresiva llevará a los manifiestos a realizar actos que no desean conscientemente. Estos hechos inexplicables para los individuos serán achacados a un personaje imaginario… (espíritu maléfico, demonio, sátiro, etc.), descargando en él, su sensación de culpa y justificando la siempre honesta intencionalidad de sus actos.
Quinta etapa.- EL SICOANALISIS
Un contínuo control sobre el latente, puede llegar a transformarse en un descontrol del mismo. Esto produce una angustia existencial en el individuo y le impulsa a buscar una salida urgente. Esta puede ser paliativa (somnífero, futbol, televisión, etc.) o terapéutica, (mediante el análisis síquico del individuo, tratando de enfrentar a éste, con la verdadera causa de su problema). Pero sin embargo, la triste realidad es que una terapia analítica es difícil de conseguir, siendo muy pocos los que mejoran y muchos más los que empeoran, llegando incluso a convertirla en una muleta de la que no se desprenderán por mucho tiempo. A ello pueden contribuir aspectos como la incompetencia del analista, o que el buen siquiatra es a su vez un ser angustiado, o que la actitud del paciente sea la misma que la de llamar al fontanero, es decir, hacer uso de un técnico que resuelva el problema de la tubería síquica.
Sexta etapa.- LA HISTERIA
La separación cada vez mayor entre el latente y el manifiesto sobrepasa el límite de la angustia para pasar a configurar un cuadro histérico. Baste señalar la sensación de no reconocer como propias a partes de uno mismo. Esto se puede relacionar con el hecho de la pérdida de la propia identidad. La persona pierde contacto con la realidad que le circunda porque no encuentra motivo de identificación con ella. Trata de acomodar la realidad de tal manera que puede encontrar partes identificables. Esto se clarifica, en la práctica, mostrando a los personajes inventando, ya no solo un disfraz, sino, una vida imaginaria que no le sea conflictiva.
Séptima etapa.- LA CASTRACION SIMBOLICA O AUTOAGRESION
Incapaz el individuo de salir por sus propios medios de la crisis, surge la agresividad, que al no poder ser expresada hacia afuera del círculo que le aisla, la ejerce contra sí mismo. Esta autoagresión, a veces física, es también ejercida en forma simbólica y en estos casos viene a ser llamada castración simbólica o sustitutiva.
Octava etapa.- LA SALIDA SIN SALIDA
Una vez perdida la identidad, de la que hemos hablado, solo nos queda agregar que el individuo llega a la negación de sí mismo, al menos, en el cincuenta por ciento; lo que hace, que asuma diversas conductas, sin llegar a los límites de locura, en el cual, el individuo debe ser recluido socialmente en un manicomio, y sí a una solución intermedia. La sociedad es pródiga en este tipo de soluciones, brindando al consumidor toda clase de facilidades (alcohol, droga, protesta inútil, divorcio —pacto de no romper el vínculo formal persistiendo en la actitud de aislamiento-, etc.), poniendo todas las causas de la propia insatisfacción fuera de uno mismo.
Guillermo Gentile




