Román Calleja

Copenhague

sinopsis

La obra versa sobre el encuentro que se produjo en Copenhague, en 1941, en plena segunda guerra mundial, entre el físico danés Niels Bohr y el alemán Werner Heisenberg. En 1913, Bohr había formulado los principios esenciales de la descripción cuántica de los átomos, proponiendo el llamado modelo de Bohr. Heisenberg, por su parte, publicó en 1925 un trabajo considerado fundacional sobre la mecánica cuántica.
Por muchos años, los historiadores y los científicos discutieron sobre las actividades de Heisenberg durante el nazismo, dado que, durante toda la guerra, permaneció en Alemania; y, en ese tiempo, frecuentó las cimas del poder y lideró investigaciones abocadas a estudiar problemas vinculados a estudiar el desarrollo de reactores nucleares, como el de armas “atómicas”.
El gran misterio en torno al encuentro entre Heisenberg y Bohr es el siguiente: ¿Heisenberg buscaba un intercambio de ideas científicas con el genio danés o pretendía colaboración para el desarrollo de proyectos armamentísticos? Mediante el estudio de múltiples fuentes, Michael Frayn intentó reconstruir lo que tal vez acaeció en ese enigmático encuentro. Un encontrarse de dos físicos de vanguardia que parece estar atravesado por el espíritu del fundamental descubrimiento de Heisenberg: el principio de incertidumbre que, desde su postulación en 1927, asegura la imposibilidad de medir, a un mismo tiempo, la posición y la velocidad de una partícula.
Como todo principio profundo de física avanzada, un halo de oscuridad y dificultad envuelve su correcta comprensión. Incertidumbre y oscuridad tiñen también la escena perdida del encuentro de los dos buceadores de la física cuántica. Intriga respecto a aquel diálogo entre el tronar de las bombas. Intriga que los dos protagonistas del misterio nunca condescendieron en aclarar públicamente.
Aquel enigmático diálogo, entonces, ahora se transforma en sustancia para la representación teatral.

ficha técnica

Texto original, Michael Frayn
Versión, Charo Solanas
Dirección, Román Calleja

Intérpretes:

Margrethe, Sonsoles Benedicto
Niels Bohr, Fernando Delgado
Werner Heisenberg, Juan Gea

Escenografía, Giuliano spinelli
Vestuario, Paula Roca
Iluminación, Rafael Mojas y Félix Garma
Ayudante de dirección, Amparo Pascual
Director de producción, Juan José Alfonso

notas del autor

Michael Frayn ¿Pero es verdad?

Cuando un trabajo de ficción representa personajes y acontecimientos históricos es razonable querer saber cuánto de ello es ficticio y cuánto historia. Así pues permítanme aclarar cuanto pueda acerca de esta obra.

El acontecimiento central de la obra es real. Efectivamente, Heisenberg fue a Copenhague en 1941, y hubo un encuentro con Bohr, en directa oposición a todos los peligros y dificultades encontradas por mis personajes. Es casi seguro que fue a cenar a casa de los Bohr, y es casi seguro que los dos hombres salieron a dar un paseo para escapar de cualquier posible micrófono, aunque existe cierta discusión acerca de estos simples sucesos. Peores discusiones envuelven la cuestión de lo que realmente se dijeron el uno al otro, y donde existe ambigüedad en la obra sobre lo que sucedió, es porque existe en la recolección de los participantes. Mucha más especulación sostenida se ha dedicado a la cuestión de lo que Heisenberg esperaba obtener a través del encuentro. Todas las explicaciones alternativas y coexistentes que se plantean en la obra, excepto quizás la final, han sido aireadas en diversas ocasiones, de una u otra forma.

El más ansioso por establecer una versión oficial del encuentro era el mismo Heidelberg. Tal como ocurre en la obra, él volvió en 1947 con su mentor británico para tratar de encontrar algún trasfondo común en el asunto con Bohr. Pero resultó ser una tarea demasiado delicada, y (según Heisenberg, de todas formas, en sus memorias) ° nosotros Llegamos a la conclusión de que sería mejor dejar de molestar a los espíritus del pasado». En mi obra ellos se encuentran de nuevo y sí que los molestan más, ahí es donde se aparta de la historia real.

El recuento de sus tempranos debates en los años veinte refleja de todas formas uno o dos de los temas clave, y la pasión con la que la discusión se condujo, ya que emerge del historial biográfico y autobiográfico. El informe de todos los acontecimientos históricos es real, y las descripciones de Heisenberg sobre sus experiencias están estrechamente basadas sobre las que él ofreció en realidad.

No puedo reivindicar haber sido el primero en advertir los paralelismos entre la ciencia de Heisenberg y su vida. Proporcionan a David Cassidy el título (Indeterminación) de su excelente biografía (el trabajo modelo en inglés). “Especialmente difícil y controvertido”, dice Cassidy en su introducción, “se trata de una evaluación retrospectiva de las actividades de Heisenberg durante el Tercer Reich y particularmente durante la Segunda Guerra Mundial. Desde el final de la guerra, se ha expresado una enorme gama de puntos de vista sobre este hombre y su comportamiento, opiniones que han sido fervientemente, incluso apasionadamente, sostenidos por una gran variedad de individuos. Es como si, para algunos, las intensas emociones desatadas por los horrores indecibles de esa guerra y régimen se hubieran combinado con las numerosas ambigüedades, dualidades y compromisos de la vida y actos de Heisenberg para atarlo a él mismo a una especie de principio de indeterminación». Thomas Powers recoge un punto similar en su extraordinario y enciclopédico libro La Guerra de Heisenberg, que originó en un primer momento mi interés en el viaje a Copenhague; dice que la posterior reticencia de Heisenberg a su papel «introduce un elemento de irreductible indeterminación».

Desde la guerra Heisenberg ha sido tratado con una hostilidad y desprecio bastante sorprendentes. El libro de Powers constituye un primer intento de hacer una defensa animada y profundamente investigada de Heisenberg. Se trata de una remarcable pieza de trabajo, en tono periodístico, pero enorme en su alcance y generoso en su comprensión. La obra no pretende elegir entre los diferentes puntos de vista sobre Heisenberg. Debe constar, de todas formas, que Powers tuvo la ventaja de acceder a una prueba contundente que le fue negada a Cassidy, y a casi todo el mundo que habla escrito anteriormente sobre Heisenberg – las transcripciones de las grabaciones de Farm Hall. Estas fueron hechas clandestinamente cuando Heisenberg y el resto del “equipo atómico» alemán fueron internados al final de la guerra en una casa pinchada por la inteligencia británica. Fueron guardadas en secreto por el Gobierno Británico, por arcanas razones de estado, y a pesar de los esfuerzos más agotadores realizados por los historiadores, no salieron a la luz hasta 1992, como resultado de un asalto combinado por miembros dirigentes de la Royal Society.

Cassidy no explora el paralelo de la indeterminación. Powers añade incluso una nota al pie a su comentado: “Perdóname». La disculpa me parece innecesaria. Es cierto que el concepto de la indeterminación es una de esas nociones científicas que se ha convertido en moneda común, y generalizado hasta el punto de perder mucho de su significado original. La idea tal como fue introducida por Heisenberg en la mecánica cuántica estaba precisamente definida. No sugería que cualquier cosa relacionada con el comportamiento de las partículas era imposible de conocer, o nebulosa. Lo que limitaba era la medición simultánea de variables conectadas como posición y momento, o energía y tiempo. Cuanto más precisamente mides una variable, decía, menos precisa puede ser la medida de la variable relativa; y esta proporción, la relación de indeterminación, es en ella misma formulable con precisión.

Nada de todo esto puede aplicarse directamente a la valoración de nuestros motivos. Los pensamientos no son especificables por pares de variables, asi, pues no ha Iugar a una proporción de precisión. Powers parece sugerir que en el caso de Heisenberg la indeterminación surge puramente porque “cuestiones de motivo e intención no pueden ser establecidas más claramente de lo que BI estaba deseando declararlas”. Es cierto que Heisenberg se encontraba bajo presiones contradictorias después de la guerra que hacfan particularmente dificil para él explicar lo que habla estado intentando hacer. Él queria distanciarse de los Nazis, pero no queria sugerir que habia sido un traidor. No se mostraba dispuesto a aceptar ante sus compaf\eros alemanes que habla perdido la guerra para ellos deliberadamente, pero tampoco estaba más dispuesto a sugerir que les habia fallado simplemente por incompetencia.

Pero Heisenberg estaba sujeto a presiones absolutamente irreconciliables desde mucho antes de que necesitara explicarse a si mismo, y la indeterminación acerca de sus intenciones seguramente empezó mucho antes y es más profunda. La verdadera cuestión es qu0 sabia él mismo sobre lo que estaba haciendo — y cuando miramos dentro de nosotros mismos nos encontramos con limitaciones sobre lo que podemos observar y saber que no son del todo diferentes a las barreras que ól y Bohr hablan establecido como restrictivas de nuestro conocimiento sobre lo que pasa dentro del átomo — limitaciones al menos tan cruciales para la comprensión de nosotros mismos y del mundo que habitamos.

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